La terapia narrativa

¿En qué consiste la terapia narrativa?

La terapia narrativa es un tipo de psicoterapia que ofrece al cliente el espacio idóneo para definir y narrar su propia vida, empoderando y validando así su historia.

En la terapia narrativa no se etiquetan ni categorizan a las personas según lo lejanas o cercanas que se encuentren de la “norma”, sino que se exploran y analizan las historias culturales y sociopolíticas y cómo éstas influyen en las personas. Desde la psicología, entendemos que estas “normas” pueden afectar a la calidad de vida de las personas.

Una de las singularidades de la terapia narrativa es que las narraciones y las historias están abiertas al cambio, son flexibles, lo que permite repensarse y verse desde varios puntos de vista. Asimismo,  hace visible las prácticas sociales y culturales que sostienen el problema.

Papel del terapeuta

En primer lugar, el profesional se encarga de proporcionar un espacio seguro y cómodo para que el cliente pueda desarrollar su historia. Partiendo de este punto, el profesional pasa a ser observador y cooperador del cliente, y el cliente, pasa a ser el experto en la sesión, narrando con total libertad su historia.

En esta ocasión el terapeuta acompaña al cliente durante todo el proceso de construcción narrativa mediante la formulación de preguntas (de las que no sabe las respuestas) o con aclaraciones del proceso constructivo (por ejemplo, sobre cómo hilar sucesos en el tiempo). Pero no podrá corregir el contenido de la historia (por ejemplo, no podrá decir que eso “no sucedió así”, ni pondrá en duda lo narrado). El acercamiento del terapeuta con el cliente siempre debe ser respetuoso y nunca debe generar un discurso culpabilizador o responsabilizador de la historia narrada.

Externalizar como efecto sanador

El principal efecto terapéutico de las narraciones deriva de la externalización de la historia vivida, ejerciendo un doble efecto curativo, primero, de liberación, al separarnos del problema y segundo, de empoderamiento, al identificarlos y ejercer control sobre ellos.

“La externalización del problema permite a las personas separarse de los relatos dominantes que han estado dando forma a sus vidas y sus relaciones.” (White, 1988).

¿Qué se puede externalizar?

  • Cualquier sentimiento: miedo, culpa, ira, tristeza, vergüenza…
  • Cualquier problema entre personas: conflictos familiares, de pareja, de trabajo, de vecinos, con desconocidos…
  • Las prácticas culturales y sociales: racismo, sexismo, homofobia, transfobia…

Mediante las narrativas nos abrimos paso hacia el autoconocimiento.

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