
Los mitos del suicidio
Aunque cada vez menos, el tema del suicidio sigue considerándose un tema tabú en nuestra sociedad y debido a esto la percepción que se ha construido sobre la ideación suicida se ve repleta de mitos y falsas afirmaciones. Como consecuencia de estas falsas creencias, muchas personas que sufren no se atreven a dar el paso de pedir ayuda o expresar lo que realmente sienten y necesitan.
¿Pero cuáles son estos mitos y por qué son tan peligrosos? Los mitos no son más que creencias culturales aceptadas colectivamente que carecen de base científica. Pero lo peligroso en este caso es que se extienden rápidamente por la cultura social y son difíciles de erradicar. Estos mitos contribuyen no sólo a silenciar el sufrimiento de estas personas, sino que las responsabilizan y las hacen sentir culpables, lo que impide que éstas busquen ayuda, entrando así en un bucle del que se hace complicado salir. Por otra parte, estas creencias ayudan a paralizar ciertas medidas preventivas en la población.
La tendencia suicida es un comportamiento complejo que no puede explicarse con simples explicaciones dualistas de querer o no querer. El surgimiento de conductas o pensamientos suicidas no es un hecho fortuito que ocurre al azar, sino que es el resultado de un proceso que implica diferentes fenómenos de diversa severidad que construyen el espectro suicida. Además, los factores de riesgo que incrementan la probabilidad de que una persona pueda cometer un acto suicida abarcan tanto características individuales como ambientales y éstas suelen ser múltiples y variadas.
Entre los mitos más comunes encontramos:
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Quien lo dice no lo hace/ quien lo hace no lo dice: es una forma de eludir la responsabilidad cuando recibimos el mensaje de alguien con pensamientos suicidas. La realidad es que las personas que sufren verbalizan sus intenciones de suicidarse y nos mandan mensajes de una u otra forma. De hecho, diversos estudios han demostrado que los intentos de suicidios son uno de los factores de riesgo que predice con más fidelidad la posibilidad de un futuro suicidio consumado.
- Quitarse la vida es de cobardes/valientes: no es una cuestión de valentía o cobardía, equiparar el acto suicidad con una cualidad personal positiva o negativa (valiente o cobarde) lo único que consigue es que se entorpezca su prevención y el proceso terapéutico. La realidad es que son personas que sufren.
- Quien lo hace es egoísta y no piensa en el sufrimiento ajeno: vivimos en la sociedad de la CULPA y debemos desviar ese enfoque. Aquí no se trata ni de culpar a los familiares y/o allegados ni de culpar al suicida sino de dotar de las herramientas necesarias a la población para pedir ayuda cuando lo necesiten, sin culpas ni remordimientos (nos queda mucho camino por recorrer).
- Es una decisión personal y hay que respetarla. Volvemos a la falta de responsabilidad, el/la suicida no quiere acabar con su vida, sino que no encuentra otra salida para paliar su sufrimiento. Es importante hacerle saber que existen otras alternativas así como profesionales expertos en el tema que pueden ayudar.
- Forma parte de la evolución humana: existen multitud artículos desafortunados, “científicos”, que no contemplan la individualidad, sufrimiento personal o la presión social y engloba a todos los seres humanos como un TODO mecanicista sujeto a genes y reproducción. La realidad es que no se ha demostrado la heredabilidad del suicidio ni ningún gen que lo provoque.
- Si se reta a un suicida no se matará: esto es un acto muy irresponsable ya que incita al suicida a quitarse la vida y a minimizar sus problemas en caso de que no lo haga, lo que conlleva a un mayor malestar psicológico.
- Los medios de comunicación sólo sirven para empeorar. Al contrario, un buen uso de las redes sociales y de los medios de comunicación puede contribuir a acabar con los mitos del suicidio y alentar a las personas a pedir ayuda. Por otra parte, pueden ser utilizados para mandar mensajes preventivos y dar una mayor facilidad al acceso de los diferentes recursos preventivos (teléfonos, direcciones, webs…).
- No se debe hablar sobre el suicidio porque tiene un efecto llamada. Se ha demostrado que hablar y expresar lo que se siente tiene un efecto liberador. Ese efecto llamada sí que ocurre, pero en este caso sucede para bien, ya que al escuchar a otra persona en la misma situación incita a contar y expresar lo que se siente y se alivia el temor al “qué dirán de mi…”